Nota: He decidido dar un paso más allá en mi graduación como literato del más alto nivel, por lo que he querido hacer todo lo que un buen artista debe hacer en momentos como estos: Aburrir. Que conste que aviso. Habrá pasajes realmente lentos y farragosos. Es que soy muy grande, aunque no tanto como Falete. Todo se andará.
No hay otro tema de conversación en los bares (en otros lugares, la verdad es que no os lo puedo decir): La crisis. Sí, ya sé que depende en qué círculos dicha crisis es sobre el Club Deportivo Castellón, la antigua y maravillosa combinación de petanca y contemplación de obras, o de si el mundo es una conspiración contra zapatero o zapatero está poniendo patas arriba los cimientos económicos y sociales de esta España más española que nunca. Hay que joderse, el otro día entré en una de mis cantinas favoritas, ya que sirven los mejores zarajos de toda La Mancha y casi ni puedo degustar la caña que acompañaba a tan delicioso manjar, ya que la apoteosis mística fue tal que me quedé obnubilado por la conversación tan interesante de la que casi me consideraba partícipe, sin ni siquiera entrar en ella: ¿Los anacardos son esenciales en todo aperitivo que se precie, o por el contrario con cada cerveza debe servirse unas bien ponderadas banderillas? Impresionante. No había manera de ponerse de acuerdo en tan acalorada discusión.
Por supuesto, eso me dio qué pensar. No en el debate entre frutos secos y encurtidos, sino más bien en la tertulia en sí. Todavía no tenemos la bebida en la mano y la conversación siempre sigue este canon: patadón contra ya queda menos. ¿Se imaginan quién es quién? Da igual. Porque dependiendo de la catástrofe el papel que toma cada parte es el mismo aunque en posiciones enfrentadas.
Dos claros ejemplos: Gürtel y economía. El primero: Los populares abriendo ventanas a lo loco para que la corriente escampe todo lo que pueda, o, por el contrario, cerrándolas y quemando toda la farfolla posible para que haya muchísimo humo. Tanto que ni siquiera se pueda ver qué cojones pasa. Y cuando la topera comienza a remitir, entonces toca el contraataque: los jueces van en contra del PP. Y lo que todavía no me explico es que tras tanto tiempo utilizando la misma estrategia cómo puede ser que les siga funcionando. En fin, también existe Sálvame y cada día parece que tiene más adeptos. Todo tiene relación.
Y ahora, economía. Resulta que toda la culpa la tiene el gobierno o toda la culpa la tiene el mundo entero. Chicos, qué queréis que os diga, pues que ni una ni otra. A ver, por un lado no he hecho más que escuchar que ZP lo único que suelta por su boca son mentiras. Puede ser, si bien tenemos que recordar que cuando sucedió el famoso momento de la desaceleración lo que él quería era ganar unas elecciones, no gobernar un país. ¿Lo que ha venido a continuación? Mucho entramado (supongo) y mucha consecuencia de lo anterior.
Para que lo situemos en la actualidad. Es lo mismito que ahora les sucede a ambos partidos. Por un lado, el PP no hace más que decir que el gobierno no accede a actuar, que no sabe qué hacer, y que con la falta de concreción en las reformas no pactará nada. Veamos, que si yo quisiera gobernar y militara en el PP la consigna sería sencilla: “A la mierda España, que, aunque nosotros digamos lo contrario, nos la suda bien sudada, lo que queremos es gobernar, así que a comenzar la operación acuso y derribo y después a esperar, que durante dos elecciones nuestros votantes fueron los mismos (o más), y a estos socialistas, con un poco de suerte les deja de votar ese porcentaje de pancarteros desencantados con su gestión”. Bueno, más o menos según fuentes no oficiales (mi imaginación).
¿Pero qué sucede con el actual gobierno y con el grupo socialista? En fin, salvo sonados deslices, la tónica general es un poco más sibilina. En una negociación, aunque se partan de dos posturas claramente opuestas, lo que importa es la voluntad de entendimiento. Bien. Pues la impresión que a mí me da es que, una vez conocida la intención de las gaviotas, los del puño y la rosa sólo tienen que presumir de eso llamado entendimiento y ofrecer algo que claramente no van a hacer: querer llegar a un acuerdo (como en todo, hay excepciones). “Tenemos que parecer acusados y derribados para que esa legión de jóvenes que son capaces de sumarse a nosotros en caso de catástrofe vean que si no nos votan la única alternativa posible es la derecha más galopante” (de nuevo acudo a los enanitos que pululan en mi interior para justificar esta aseveración).
¿Y qué sucede entonces? Pues que esto es un sindiós de mil pares de narices. Vamos a ver, si cada partido es una locomotora (si me permitís el símil) y estas máquinas tiran en direcciones opuestas, al final, de tanto tensar la cuerda quienes lo pagan son los mismos, nosotros. Para muestra un botón, ¿recordáis que entré en un bar? Bueno, esto es lo que me pasó cuando salí de allí:
Por supuesto, eso me dio qué pensar. No en el debate entre frutos secos y encurtidos, sino más bien en la tertulia en sí. Todavía no tenemos la bebida en la mano y la conversación siempre sigue este canon: patadón contra ya queda menos. ¿Se imaginan quién es quién? Da igual. Porque dependiendo de la catástrofe el papel que toma cada parte es el mismo aunque en posiciones enfrentadas.
Dos claros ejemplos: Gürtel y economía. El primero: Los populares abriendo ventanas a lo loco para que la corriente escampe todo lo que pueda, o, por el contrario, cerrándolas y quemando toda la farfolla posible para que haya muchísimo humo. Tanto que ni siquiera se pueda ver qué cojones pasa. Y cuando la topera comienza a remitir, entonces toca el contraataque: los jueces van en contra del PP. Y lo que todavía no me explico es que tras tanto tiempo utilizando la misma estrategia cómo puede ser que les siga funcionando. En fin, también existe Sálvame y cada día parece que tiene más adeptos. Todo tiene relación.
Y ahora, economía. Resulta que toda la culpa la tiene el gobierno o toda la culpa la tiene el mundo entero. Chicos, qué queréis que os diga, pues que ni una ni otra. A ver, por un lado no he hecho más que escuchar que ZP lo único que suelta por su boca son mentiras. Puede ser, si bien tenemos que recordar que cuando sucedió el famoso momento de la desaceleración lo que él quería era ganar unas elecciones, no gobernar un país. ¿Lo que ha venido a continuación? Mucho entramado (supongo) y mucha consecuencia de lo anterior.
Para que lo situemos en la actualidad. Es lo mismito que ahora les sucede a ambos partidos. Por un lado, el PP no hace más que decir que el gobierno no accede a actuar, que no sabe qué hacer, y que con la falta de concreción en las reformas no pactará nada. Veamos, que si yo quisiera gobernar y militara en el PP la consigna sería sencilla: “A la mierda España, que, aunque nosotros digamos lo contrario, nos la suda bien sudada, lo que queremos es gobernar, así que a comenzar la operación acuso y derribo y después a esperar, que durante dos elecciones nuestros votantes fueron los mismos (o más), y a estos socialistas, con un poco de suerte les deja de votar ese porcentaje de pancarteros desencantados con su gestión”. Bueno, más o menos según fuentes no oficiales (mi imaginación).
¿Pero qué sucede con el actual gobierno y con el grupo socialista? En fin, salvo sonados deslices, la tónica general es un poco más sibilina. En una negociación, aunque se partan de dos posturas claramente opuestas, lo que importa es la voluntad de entendimiento. Bien. Pues la impresión que a mí me da es que, una vez conocida la intención de las gaviotas, los del puño y la rosa sólo tienen que presumir de eso llamado entendimiento y ofrecer algo que claramente no van a hacer: querer llegar a un acuerdo (como en todo, hay excepciones). “Tenemos que parecer acusados y derribados para que esa legión de jóvenes que son capaces de sumarse a nosotros en caso de catástrofe vean que si no nos votan la única alternativa posible es la derecha más galopante” (de nuevo acudo a los enanitos que pululan en mi interior para justificar esta aseveración).
¿Y qué sucede entonces? Pues que esto es un sindiós de mil pares de narices. Vamos a ver, si cada partido es una locomotora (si me permitís el símil) y estas máquinas tiran en direcciones opuestas, al final, de tanto tensar la cuerda quienes lo pagan son los mismos, nosotros. Para muestra un botón, ¿recordáis que entré en un bar? Bueno, esto es lo que me pasó cuando salí de allí:
Y claro, podéis estar pensando, tú hablas mucho pero ya está, no haces nada más. ¡Cuán equivocados estáis, voto a bríos! Si hay algo que me caracteriza, y lo digo mirándome al armario con vidriera que hay frente a mí en el salón mientras esbozo estas palabras, es la capacidad de proponer soluciones. Soy una fusión viva de Gandhi y Obama, todo bien mezcladito y servido al punto de sal (bueno, en ocasiones algo ácido, pero es que son las especias indias, que pueden producir flatulencias). En fin, al ataque.
Os voy a poner en antecedentes. La crisis inmobiliaria. Coñazo de agárrate y no te menees. Avisé. Resulta que a día de hoy parece que tiene mucho más prestigio tener una casa que un simple motivo. Es como un símbolo de estatus social. Correcto. Un trabajo muy pero que muy bien hecho. Por supuesto, esto se llama crear la necesidad. Una vez creada, todos quieren comprar lo mismo, por lo que el valor de lo que se quiere comprar sube, y como hasta hace pocos años parecía esto como sacarse un carné de socio en un equipo de fútbol, es decir, hasta los niños antes de nacer ya deben tener uno, el precio de las viviendas se elevó a niveles estratosféricos.
A continuación todo iba rodado: al ser cualquier asunto relacionado con la construcción rentable, hasta no trabajar, se podía pagar, perdón, era necesario pagar a cualquier precio por parte de los promotores, porque iban a ganar ochenta veces más. Hasta era necesario sacar a los chavales de las escuelas para trabajar, ya que si no se llegaría a pasar de moda el boom y no podría llenarme los bolsillos.
Españoles. La burbuja... explotó. Dejando los resultados que todos estamos viviendo. ¿Culpa? De todos un poco, sinceramente, pero claro, si en clase veo a la chiquillería comportarse como tal y sólo me uno a la fiesta en vez de poner orden, olé mis huevos. Y por lo que se ve haya sido un gobierno u otro aquí los dos nos han dejado con el culo más bien al aire. Teoría del escupitajo pura y dura (no sé si la he explicado antes. Si yo quiero tirar un salivazo desde un primer piso, me va a dar reparo hacerlo porque puedo ver a quién le va a caer. Sin embargo, desde lo alto de un rascacielos, cualquiera que desee esputar al vacío lo hará sin ninguna pena, ya que al no distinguir a quién le va a caer, se la va a sudar completamente las repercusiones que tenga su hecho).
A lo que iba. Una vez recontada, grosso modo, la situación actual, voy a hacer mi proposición. Pero antes, para aguantar la intriga voy a hacer un pequeño repaso:
1.- Creación de necesidad a partir de algo al parecer absurdo.
2.- Apreciación del objeto ahora necesitado.
3.- Explotación al más alto nivel de dicho objeto.
4.- Obtención de pingües beneficios.
5.- Explosión de la burbuja.
Vale, pues ahora voy yo. Señoras y señores, lo que propongo no va a ser fácil, si bien nunca imposible. ¡Vamos a realizar una burbuja sobre el helado de fresa con forma de pie! ¡¡¡Impresionante!!! (Ya está comercializado por una marca, aunque no diré Frigo porque no es cuestión de hacer publicidad, de momento).
Lo tiene todo: Es un producto absurdo, al igual que lo era antes poseer una casa aunque no pudiera costearla. Es todavía más delicioso que el zarajo (llamadme fetichista. No suelo fijarme en los tobillos, pero hay ciertos momentos en los que los pies son un fantástico complemento). Si todos decidimos comprar helados de fresa con forma de pie, al final su precio subirá, y yo creo que hasta niveles similares a los de la vivienda.
Aunque aquí cambia el rumbo de la historia (es que dicen que estamos condenados a repetir patrones, pero si vamos con cautela, podemos cambiar la dirección de nuestros pasos, construirnos nuestro propio camino). El caso es que podríamos ir comprando activos de materias primas de dicho producto (yo ya lo he hecho con el aroma E/A-123123, y con el sabor E/A-7967785). La consigna es clara: cuando tengamos una buena masa de caudales podremos reestructurar todos esos defectos que hemos visto a lo largo de tantos años y que nadie ha querido reparar. Es más, en nuestra revolución (porque no sé si os habéis dado cuenta, esta lo es) no cambiamos de sistema económico, sigue siendo capitalismo.
Así pues, no dejaremos que llegue nunca la debacle porque esta vez no dejaremos que nos suceda lo mismo que antes, es decir, el paso 5. Pero para eso ya tengo pensada otra burbuja que supla a la anterior (¿os creíais que no lo tenía todo pensado?). Hay que crear otra gran nueva necesidad. Es cojonuda. Es la bomba. Y seguramente la estáis ya imaginando: El cine en 3D.
Lo sé. No hace falta que me lo agradezcáis. Soy un megacrack y lo demuestro cada día. Pero es gracias a todos vosotros. Me doy cuenta de que siento algo que antes pensaba que era incompatible. Auténtica acción y pasión por el ser humano. Debe ser amor.
Os voy a poner en antecedentes. La crisis inmobiliaria. Coñazo de agárrate y no te menees. Avisé. Resulta que a día de hoy parece que tiene mucho más prestigio tener una casa que un simple motivo. Es como un símbolo de estatus social. Correcto. Un trabajo muy pero que muy bien hecho. Por supuesto, esto se llama crear la necesidad. Una vez creada, todos quieren comprar lo mismo, por lo que el valor de lo que se quiere comprar sube, y como hasta hace pocos años parecía esto como sacarse un carné de socio en un equipo de fútbol, es decir, hasta los niños antes de nacer ya deben tener uno, el precio de las viviendas se elevó a niveles estratosféricos.
A continuación todo iba rodado: al ser cualquier asunto relacionado con la construcción rentable, hasta no trabajar, se podía pagar, perdón, era necesario pagar a cualquier precio por parte de los promotores, porque iban a ganar ochenta veces más. Hasta era necesario sacar a los chavales de las escuelas para trabajar, ya que si no se llegaría a pasar de moda el boom y no podría llenarme los bolsillos.
Españoles. La burbuja... explotó. Dejando los resultados que todos estamos viviendo. ¿Culpa? De todos un poco, sinceramente, pero claro, si en clase veo a la chiquillería comportarse como tal y sólo me uno a la fiesta en vez de poner orden, olé mis huevos. Y por lo que se ve haya sido un gobierno u otro aquí los dos nos han dejado con el culo más bien al aire. Teoría del escupitajo pura y dura (no sé si la he explicado antes. Si yo quiero tirar un salivazo desde un primer piso, me va a dar reparo hacerlo porque puedo ver a quién le va a caer. Sin embargo, desde lo alto de un rascacielos, cualquiera que desee esputar al vacío lo hará sin ninguna pena, ya que al no distinguir a quién le va a caer, se la va a sudar completamente las repercusiones que tenga su hecho).
A lo que iba. Una vez recontada, grosso modo, la situación actual, voy a hacer mi proposición. Pero antes, para aguantar la intriga voy a hacer un pequeño repaso:
1.- Creación de necesidad a partir de algo al parecer absurdo.
2.- Apreciación del objeto ahora necesitado.
3.- Explotación al más alto nivel de dicho objeto.
4.- Obtención de pingües beneficios.
5.- Explosión de la burbuja.
Vale, pues ahora voy yo. Señoras y señores, lo que propongo no va a ser fácil, si bien nunca imposible. ¡Vamos a realizar una burbuja sobre el helado de fresa con forma de pie! ¡¡¡Impresionante!!! (Ya está comercializado por una marca, aunque no diré Frigo porque no es cuestión de hacer publicidad, de momento).
Lo tiene todo: Es un producto absurdo, al igual que lo era antes poseer una casa aunque no pudiera costearla. Es todavía más delicioso que el zarajo (llamadme fetichista. No suelo fijarme en los tobillos, pero hay ciertos momentos en los que los pies son un fantástico complemento). Si todos decidimos comprar helados de fresa con forma de pie, al final su precio subirá, y yo creo que hasta niveles similares a los de la vivienda.
Aunque aquí cambia el rumbo de la historia (es que dicen que estamos condenados a repetir patrones, pero si vamos con cautela, podemos cambiar la dirección de nuestros pasos, construirnos nuestro propio camino). El caso es que podríamos ir comprando activos de materias primas de dicho producto (yo ya lo he hecho con el aroma E/A-123123, y con el sabor E/A-7967785). La consigna es clara: cuando tengamos una buena masa de caudales podremos reestructurar todos esos defectos que hemos visto a lo largo de tantos años y que nadie ha querido reparar. Es más, en nuestra revolución (porque no sé si os habéis dado cuenta, esta lo es) no cambiamos de sistema económico, sigue siendo capitalismo.
Así pues, no dejaremos que llegue nunca la debacle porque esta vez no dejaremos que nos suceda lo mismo que antes, es decir, el paso 5. Pero para eso ya tengo pensada otra burbuja que supla a la anterior (¿os creíais que no lo tenía todo pensado?). Hay que crear otra gran nueva necesidad. Es cojonuda. Es la bomba. Y seguramente la estáis ya imaginando: El cine en 3D.
Lo sé. No hace falta que me lo agradezcáis. Soy un megacrack y lo demuestro cada día. Pero es gracias a todos vosotros. Me doy cuenta de que siento algo que antes pensaba que era incompatible. Auténtica acción y pasión por el ser humano. Debe ser amor.
