Otra vez por aquí. Cojonudo. Y además con muchas ganas, que, como iré desgranando, no hay nada mejor que unas vacaciones para adorar más si cabe todo lo que a mi alrededor sucede. Me explico. En la entrada anterior hablaba de una sombra. Bien, pues la misma se ha ido fraguando durante este periodo de asueto que me he tomado. No he hecho otra cosa que comer, beber, dormir, y, por supuesto, ver la tele.
Es una maravilla la desconexión, sobre todo porque me ha permitido admirar y degustar todo lo que mi paladar de estropajo me impide el resto del año. Cuando mi única preocupación es poder recuperarme de un resacón veraniego (gran momento para calibrar mi estado físico y compararlo con los grandes festivales de antaño) lo cierto es que la TDT sirve de entretenimiento puro para hacer más liviano el paso del tiempo mientras mi escultural y siempre ardiente cuerpo reposa sobre el sofá.
Qué risas me he echado con Intereconomía, Veo 7 y La Noria. Siempre con ganas de usar gratuitamente la demagogia en el contexto político. ¡Hasta el punto de que cambiaba la tertulia nocturna de CNN+ por parecerme aburrida!
Qué maravilla la teletienda (de la que soy fan declarado. Y lo digo bien en serio). Qué precioso
el anuncio del Jes-Extender y la mítica frase de “yo no sé a las demás, pero a mí me gustan grandes”. Ahora también está el
Male-Edge, pero busca vender un alargador de pene en plan científico, y claro, aburre.
Qué grande Tele5, removiendo siempre entre la farfolla para demostrarnos que en realidad es necesaria su existencia para poder establecer un baremo y así llegar a conocer lo que significa la palabra calidad (si todo fuera excelente no sabríamos apreciar ni catalogar la belleza. Así que su sentido tiene la cadena ¿amiga?). Un ejemplo. No recuerdo si fue en Sálvame Deluxe o en La Noria (son programas tan impactantes que me cuesta disociarlos), el caso es que invitaron a dos subproductos de su propia cosecha: dos concursantes del silicónico, botoxiano, vigoréxico, esteroideo y recauchutado “Mujeres y hombres y viceversa”. El diálogo, qué digo diálogo, ¡el platonismo puro! que tuvo lugar entre las dos participantes fue más o menos como sigue:
- ¡Puta, puta, más que puta! ¡Que te follas a todos los gallos del gallinero!
- ¿Me has llamado puta? ¡Me has llamado puta! ¡Más puta eres tú, que estás aprendiendo a nadar para follarte a los patos!
¿Es o no es una maravilla?
Pero esto no acaba aquí. He descubierto series que nunca me hubiera planteado ni siquiera zapear con ellas. La primera, el doctor Martín del Siglo de Oro, el Batman de Joel Schumacher perdido entre la más gótica de las Españas: Águila Roja. Una serie de presupuesto que ya prepara su salto a la pantalla grande. Por no hablar de la más real de las vidas entre las cuatro paredes de un instituto público de secundaria: Física o Química (cierto es que nunca vi ni un minuto de Al salir de clase, perdiéndome así las caderas de la Pataky, que ya despuntaba a pesar de no haber pasado todavía por Corporación Dermoestética. Aunque debo reconocer que superé ese, creía yo entonces, profundo trauma, ya que en los inicios de laSexta llegué a redimirme gracias a la espectacular Amaia Salamanca vistiendo falda plisada en aquella inolvidable SMS).
Bueno, que como veis, las resacas estivales han dado para mucho. Muchísimo. Aunque ahora, ya de vuelta, lo realmente emocionante comienza ahora: ¿de nuevo el instituto? No, ¡cómo iba a ser eso importante! Además, ya está FoQ para que podáis adivinar de qué va esto de ser profe. Lo suculento llega ahora de la mano de otro curso: ¡el político!
Este año promete, y por eso estoy de enhorabuena, ya que gracias a la fauna que se hacen llamar dirigentes gubernamentales, junto con su séquito mediático afín (recordemos que son estos últimos unos héroes, ya que provocan que el segundo tema de conversación durante el sol y sombra matutino en cualquier bar que se precie sea ¿la política? El primero, cómo no, el fútbol) hacen que broten de mi más interno sentir lágrimas de emoción y agradecimiento. Agradecimiento, por otro lado, más que merecido. Seguramente lo habré dicho ya, pero no me cansaré de repetirlo: seguid así, que si no tengo que cerrar este chiringuito, y no precisamente por vacaciones.
En fin, que ya me voy por las ramas, si bien soy una persona que me tatuaron a fuego mis padres eso de
es de bien nacido ser agradecido, y claro, no podía dejar este homenaje de lado.
A ver, retomando la vuelta al cole de los aglutinadores de titulares, diré que se presentan doce meses de lo más humorísticos. Es año de elecciones. Es por esto que se verá de todo: desde la clásica bajada de pantalones haciéndolo parecer la dignificación del trabajo de un político (me viene ahora a la mente la ex-tertuliana del programa de Ana Rosa, presidenta ahora del PP de cataluña, ante la situación de venderse a CiU y quemando a puerta cerrada los xenófobos trípticos de
gitanos go home!!! sin atreverse a decir ni una sola palabra sobre el fallo del Constitucional acerca del Estatut de Cataluña), hasta el clásico moderno del colmo sobre cómo ganar votos (y cuando digo ganar votos no me refiero a Rosa Díez, especialista en rafting y que hace bueno eso de
a río revuelto ganancia de pescadores. Hablo de partidos políticos con más realidad que el suyo): tender las manos ¿socialistas? hacia un diálogo con premisas de antemano inalcanzables para un consenso.
Cómo me gusta eso que llaman política. A puerta cerrada a Pepiño le cierran el grifo para la inversión pública en infraestructuras. Él, ni corto ni perezoso, sale a la palestra argumentando una medida de lo más impopular, como es la subida de impuestos. Solución: a los tres días ya vuelve a tener dinerito fresco con las consiguientes declaraciones de la ministra Salgado asegurando que no habrá tal subida.
Por el lado popular, por lo visto ya salió la factura de los trajes del Camps, la tenía el bigotes. Aunque eso no ha impedido que el Napoleón Bonaparte de Levante se autoproclame rey del universo citrícola y de nuevo candidato a la presidencia de la Comunidad Valenciana. Por supuesto, al poco tuvo que salir (cómo me gusta esta frase)
el aparato del partido para decir que ellos ya lo sabían (¡ja!) y que estaban de acuerdo (¿tenían otra opción?). Además, se está frotando las manos, ya que
el reducto Zaplanista está cayendo también en escándalos de corrupción y, por si fuera poco, Terra Mítica ha cerrado definitivamente sus puertas (yo vivía en Castellón cuando sucedió la Franquiana inauguración. La pregunta que surgió por aquellos entonces fue: ¿es necesario? Depende para qué bolsillos. Y ahí siguen).
Ya voy acabando, y es por esto que me dejaba para el final el plato fuerte del verano. El Capitán Trueno de nuestros días, el salvador de las causas perdidas, el paladín sin taza del Pisuerga (no voy a negar mis influencias Morenianas): ¡¡¡San José María Aznar!!! y su viaje a ninguna parte, digo... su presencia mesiánica en la frontera melillense. Después de todo, qué adalid del entendimiento. Mi más sincera congratulación a él y a todas sus huestes alojadas en el castillo de las Faes. Qué gran estadista. Cuando fue presidente del gobierno nunca pisó terreno africano, tan sólo en campaña política como líder de la oposición, y, cómo no, tras su paso por la Moncloa ya va por la segunda huevada, digo, visita, en calidad de máximo dirigente de la ya citada Fa(lange)es(pañola)... digo Fundación de estudios económicos (o algo así). Perdonad, se me va la mano, y ahora que vuelvo de las vacaciones, por un lado, y que el teclado impide que la diestra ejerza su derecho a la soltería, pues claro, se desborda y descontrola la energía y pasa lo que pasa.
Que me lío. Así que a lo que iba, que don José Mari de todos los santos habla de dejadez en Melilla, y tendrá razón, lo sabe por ser él uno de los máximos exponentes de dicho abandono. Pero supongo que nuestro querido y fibrado dirigente habrá pasado un tiempo en el Monasterio de Silos (lo menos) y se habrá reencontrado con la luz redentora de dios. De tal manera que ha decidido salir a las calles para predicar la buena nueva en señal de arrepentimiento.
En fin, que como podéis ver, aunque el verano me ha servido para admirar y disfrutar de todo aquello que suelo dejar de lado el resto del año, también lo he aprovechado para coger fuerzas. Queda tanto por y para reír que casi podría decir que es ansiedad lo que siento ahora mismo. Ansiedad por ver de nuevo barbas y cejas caminar por el hemiciclo en Madrid. Ansiedad por sentir que no hay parrilla suficiente en la nueva televisión para cubrir todas las franjas de la risa. Así que, por favor, dirigentes del mundo que llamáis España (excepto algunos, que dependiendo de qué tipo sean las elecciones, como las de este año, pueden asegurar que se rompe el estado o simplemente lo pegan como si todo fuera un juego de la PSP o una aplicación más del
aifon), seguid como mínimo a la misma altura que hasta ahora os habéis manejado: entre la morralla. Es que si no se me acaba el chollo.